"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" Ludwig Wittgenstein
Hace
un tiempo me di cuenta que la lectura fue mi refugio, un lugar donde podía
entrar y salir de los textos. Muchas veces caminé por el borde del ensueño en
un mundo donde no había caramelos. ¿Cuándo comencé a leer? No lo recuerdo ¿Cuál
fue el primer libro leído? ¡Menos! Lo único que recuerdo de la infancia relacionado
es que alcanzando los 4 años leía muy bien bajo el Anacahuita del Gualeguay, me gustaba encontrar
bajo su copa, a mi abuelo y leerle. – Ah,
¡Qué bien! – Dijo y ¿Dónde fue que
aprendiste a leer al revés? – Agregó-
(…) Dejando al desnudo mi secreto - Nunca
lo olvidaré. Al
leer, el niño o niña, no abandona del todo el capricho descubre que existen
otros mundos, y muchos mundos que comparten historias, deseos, alegrías y
tristezas;
En
vacaciones de invierno nos decían que leyéramos cuando estábamos aburridos, sin
embargo, no se practicaba la lectura en la casa de mis abuelos. Recuerdo muchos
libritos de recopilaciones de relatos infantiles, leer novelas de terror y
novelitas Borrascosas son algunas que se me vienen a la mente, siendo un poco
más grande, hojear El caballero de la armadura oxidada, de
Robert Fisher, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.
Fui amante de los cuentos tradicionales,
la historia de Pinocho en
la parte cuando recobra vida me llenaba de emoción. Cuando uno transita los caminos
de la adolescencia, parece que no hay más horizonte que el de nuestras propias
narices, que no hay más vida ni más sueños que los nuestros, de los que nos
apropiamos como un niño se adueña de un juguete. Por aquel entonces,
Alfonsina Storni me
acompañó durante un largo tiempo junto a las novelas de Corín Tellado, los
encontraba en la biblioteca
Domingo Faustino Sarmiento de Hurlingham, Puedo
escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La
noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a los lejos" del Poema
Numero 20 de Gustavo Adolfo Bécquer que
con absoluta precisión recitaba de memoria, Cómo decir de pronto: tómame entre las
manos, no me dejes caer. Te necesito: Acepta este milagro. (…), y de Julia Prilutzky Farny
poemas Antologia del
amor. Una amiga me prestó: “Por si no estoy cuando ya sepas leer con los ojos y con
el corazón al mismo tiempo. Cuando te miro, Verónica, tan chiquita, tan
redonda, con tu pelito de seda, haciendo morisquetas frente al espejo, soy
feliz... y tengo miedo” de Poldy Bird.
Si
tuviera que hablar de un texto que me impactó, del primer recuerdo consciente
de la movilización que sobre mi sensibilidad ejerció un libro, ese texto sería Mi planta de naranja-lima del brasileño José
Mauro de Vasconcelos.
Leí esta novela cerca de los 14
años y conocí, así, la existencia del dolor en el otro, la pobreza y, la
amistad de la ficción. de esta manera, yo descubrí en Zezé, el protagonista de la novela (personaje que representa al niño
que el autor fue y la dura vida que debió sobrellevar), el valor, la necesidad
de ayudarnos entre todos para que, hombres, mujeres y niños puedan tener una vida
digna.
Dice
Julio Cortázar en uno de sus tantos cuentos: “la vida es una sala de espera”. Intentemos hacer de esa espera
una experiencia por la que valga la pena vivir, como Zezé, que junto a su amigo
Minguito, una pequeña planta de cítricos, hizo de la espera la esperanza.
Si
tengo que recordar a qué edad comencé a leer, sería difícil de determinar, pero
sí puedo recordar “hechos” o “momentos” que me llevaron a la lectura desde muy
chica. Algunos de esos momentos son los “paseos” a las librerías con la cuidadora cuando mi padre estaba
internado en un coma profundo y yo permanecí hospitalizada por huérfana, ella me acompañaba; y trataba de llevarme
a los juegos, pero a mí me encantaba ir a ver los libros y me hacía escoger “uno” para llevarme y después nos íbamos
a tomar la leche de la tarde. Llevar el libro entre mis brazos me hacía feliz.
Un
día, revisando cajones encontré un papelito muy bien doblado en la clínica, así
fue como pude entrar en ese libro, y mirar -desde los ojos de papelucho- los
blancos pasillos del hospital.
Pero
entonces, cuando todo se veía color de hormiga, apareció el superhéroe de la
literatura, de la infancia y de la vida: mi papá despertó y cuando fue sanando
en tiempos libres, cuando comenzó a comer y a estar sentado yo me esmeraba por
leer correctamente y leía para él, y para todo público que circulaba por los pasillos.
¿Qué leía? - todo lo que encontraba
alrededor, diarios, revistas y cuentos con los que iba armando mi biblioteca hospitalaria.
Para
mi egreso en la secundaria me
regalaron Cien Años de Soledad al cierre
de esa etapa. Leí por placer ese verano y comprendí que ese tipo de lectura,
sin tiempos por cumplir, sin la obligación de memorizar personajes principales
y secundarios, era el tipo de lectura que yo quería conservar. Junto a Gabriel
García Márquez
encontré a todo el árbol genealógico de mi familia – imaginaria también- ,
sentía que cada uno de ellos los representaba y llegue a pensar que vivían dentro del libro y por ese motivo
no venían a visitarme; Un novio que tuve me regalo en mis cumpleaños todas las
versiones en distintas ediciones, aunque me enamoré en el
amor en tiempos del cólera mi verdadero amor llego un tiempo después de la
mano de Oliverio
Girondo, sentí que había escrito para mí, el
espantapájaros 18", "El puro no" El no. el no inóvulo. el no
nonato. "Poema 12" Se miran, se presienten, se desean, se
acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean
"¿Dónde?" ¿Me extravié en la fiebre?, Llorar a chorros. Llorar la digestión. llorar a lagrima viva convirtiendo este último, en monologo cuando asistía clases
de teatro para aprender un poco de oralidad por recomendación de la psicóloga
acerca de la idea de cómo enfrentar situaciones conflictivas en mi vida y no morir
de pánico; logré aprender los diálogos de memoria , sentí los aromas, -dormí con la vida de Úrsula en Cien años
de soledad- y llegué a tener arena en
corazón, amé haber leído toda la colección de García
Márquez , juntando los vueltos del almacén
haciéndolo un bollito para ir al puesto de
diario a comprar la edición colección del clarín e interpretar sus textos
cada vez que podía.
A la
hora de escoger lecturas que me han marcado es muy difícil poder elegir entre
tantas, pero cuando uno deja de pensar y comienza a sentir lo que esos
libros le generan, pareciera que el libro lo escoge a uno y no al revés. Así,
parada frente a mi biblioteca, casi sin pensar, voy sacando los libros que se
quedaron dentro de mí para siempre. La mayoría de los que he escogido son lecturas
de mi niñez y adolescencia, porque creo que cuando a uno le tocan una vena
sensible a esa edad queda para toda la vida.
Otro
hecho que puedo recordar que me llevó a la lectura fue la película “Matilda” en el ´97, que cuenta la historia de una niña que
amaba leer y que de tanto hacerlo comienza a tener poderes mentales.
Al ver esta película, siendo joven, quise ser
como aquella chica; no iba a poder llegar a tener poderes mentales, pero sí sabía quería ser una adulta-lectora. Una
última situación que puedo decir que me inició como lectora pero que puedo
reconocerlo recién de mayor fue la necesidad que tenía de entrar a mundos de
fantasía; ya sea leídas, vistas o creadas por mí. El hecho de pasar mi infancia
leyendo, dibujando historietas, inventando mil historias para jugar me lleva a
pensar que me llenaba de felicidad vivir en realidades imaginarias que fueron
la salvación. Fue en esa etapa que me inscribí en la Facultad de Filosofía y
Letras, pero la muerte de mi padre, me desmotivó y perdí el horizonte.
No
voy a hablar cronológicamente de los libros que me marcaron como lectora, pero,
este primero que voy a nombrar, puedo recordar que me lo regalaron a los 10
años con una linda dedicatoria, se trata de “Mujercitas”
de Loaiza M. Alcott. La
novela trata la vida de cuatro hermanas y todos los desafíos por los que pasan
para crecer y volverse buenas mujeres. Lo que más me marcó esta novela
son los valores que transmite, siempre con la señora March dando los consejos justos y guiando a sus hijas para
convertirlas en buenas personas. Este libro, es uno de los que más
relecturas he hecho.
Hay otro libro en el que siempre
pienso que fue uno de esos libros que te elige a vos y no vos a él, es para
cualquier edad. Este libro se llama La elegancia del erizo de Muriel Barbery y narra la historia de dos habitantes de un
edificio; una es la portera quien lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer
común, la otra es una niña de doce años que oculta una inteligencia
extraordinaria y, cómo siente que la vida es una farsa, planea suicidarse.
Estos dos personajes cambiarán con la llegada de un hombre japonés al edificio
que propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas. Hay muchas cosas de
este libro que me gustaron, sobre todo el final que nunca me pude olvidar de
uno de los capítulos:
Ah,
señora Michel, ¿sabe usted? Prácticamente me salvaron la vida. ¡Eso es ya todo
un milagro! Bueno, y entonces ¿me puede decir que flores son?
Sí,
ángel mío, sí que puedo. En las calles del infierno, bajo el diluvio, sin
aliento y con el corazón en los labios, una tenue luz: son camelias.
-Sí-
le digo. - son camelias.
-Camelias…-dice
perdido en un recuerdo que solo le pertenece a él- Camelias. Sí- repite
volviendo otra vez los ojos hacia mí- Eso es. Camelias.
-Jean,
no se da una idea de lo mucho que me alegra que haya venido a verme- digo.
-
¿Ah sí? -Dice- pero ¿por qué?
¿Por
qué?
Porque
una camelia puede cambiar el destino. Es cautivador, un himno
a la vida.
Por
último, el libro que me marcó hace poco y que leí en esta carrera es -La
vida exagerada de Martín Romaña
de Alfredo Bryce- Echenique que cuenta la historia de un
hombre peruano que se va a vivir al París revolucionario del 68 para
convertirse en escritor. La razón por la que creo que este libro me marcó
es por la empatía que sentí por este
personaje.
Es
un personaje que me conmovió por su forma de ser, por su sentimentalismo,
por su dificultad para adaptarse a la forma en que se vive en el mundo, como si
no perteneciera a él. Un libro lleno de ironía y momentos cómicos, creo que no
a todos puede gustarle este libro, pero si uno llega a entender al personaje.
Legando
hasta aquí, no puedo dejar de nombrar los libros de la pâtisserie- la
pastelería y varias recetas en francés cuando me
dispuse tiempo atrás a aprender a cocinar las delicias: al principio fue
difícil pero poco a poco las recetas se incorporaron a mis rutinas del fin de
semana: Blé Sucre- Macaron- sableé- strudel- Mont-Blanc-Tarte
Tatin -Gâteau Saint Honoré-lemonn pie-
Quizás
he dejado muchos libros de lado que también significaron mucho, pero creo que
estos han sido los esenciales en mi vida. -
Por Colazo
Mónica
Profesorado
de Lengua y Literatura