11/09/2020

"Somos, así, los libros que hemos leído". Textoteca (Por Natalia Montes)

 

“Cuenta la gente/ allá en el pago/ lo sucedido/ entre dos hermanos/ con triste grito/ busca a su hermano/ Kakuy se llama/ y vive penando/ de esta leyenda no hay que olvidarse, que los hermanos no dejen de amarse”. Canción que viaja a lo profundo de mis recuerdos, y desancla del fondo los aromas, las vivencias, las miradas de mi pago donde nací, Santiago Del Estero, que evoca mis añoranzas, “donde se pita cigarro en chala y el ser criollo es un honor”, donde el calor te surca la piel, y en ellas se relatan las danzas de su siesta, y los misterios del amor, de los cuentos de mi padre, una enciclopedia enamorada de la vida,  como el soldadito de plomo, que enamorado de una bailarina de papel con una lentejuela en el vestido que baila sobre una pierna, tuvo muchas desventuras, que lo llevaron de vuelta a casa, y sentado en la mesita toma el matecocido calentito, antes de tomar distancia y entonar: “Alta en el cielo/ un águila guerrera/ audaz se eleva/ en vuelo triunfal”; luego tomados de las manos; al salón se entraba cantando arroz con leche me quiero casar, como el lobo a caperucita roja que no la pudo comer, tampoco pudo tirar las casas de los tres chanchitos pero vino a vestirse en mi jardín, y se está poniendo las botas para salir a comernos. También en esos lugares habita un ser muy temido, que según cuenta la leyenda se lleva a todos los chicos, arrastrando cadenas se pasea de noche por las callecitas, le dicen el Almamula, que todas las tardes descansa bajo mi planta de naranja lima y me siento un Zezé, escribiendo  mi día a día, en un cuaderno fino mis deseos, mis temores como mi amiga Anna, se enamora de sus palabras, y recita en ellas las más temidas aventuras.

Me paseo de una planta a otra, silbando una chacarera, montaraz, que “es sana melodía, arrullo de toro y cabra, nido tigre y puma, más criolla que ninguna”. Y después pienso, que es difícil que no se te erice la piel al cantarla con pasión, como el amor de Homero Simpson, o Pity Alvarez, cantando “está saliendo el sol, y es sin dudas mi Dios”; sin duda es la mirada penetrante de un perro siberiano que por miedo a la traición encerró a su hijo en una torre, “porque la vida es un sueño y los sueños vida son”, como los sueños de Alonso Quijano, que se enfrentó a unos gigantes con su fiel compañero Sancho, que con Virgilio acompañó a Dante al infierno, y su amada Beatriz al paraíso.

Luego Beatriz Viterbo, que enamoró a Borges, aún después de la vida, lo acompañó a ver un punto donde se cruzan todos los puntos, y a través de él pudo ver desde todas las hormigas que habitan el planeta, hasta las pirámides de Egipto; y con ella fue a jugar a la Rayuela, como lo hacía en el patio de mi escuela, en un pueblo llamado Macondo, donde el coronel Aureliano Buendía nos quería llevar a conocer el hielo, que habían traído unos viajantes. Puedo ser todos ellos y muchos más, que voy sacando de mi mochila el entramado literario o quizás de mi alma; “Somos, así, los libros que hemos leído. O somos, de lo contrario, el vacío que la ausencia de los libros ha abierto en nuestras vidas”.



Por Natalia Montes

Estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura 

 

 

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