¡Ay! ¡Qué disparate! ¿Quieren que les cuente? se mató un
tomate, la mona Jacinta se ha puesto una cinta, se peina, se peina pues quiere ser reina y una vaca en la quebrada
de Humahuaca a pesar de que ya era
abuela un día quiso ir a la escuela
¿Les sigo contando? un lobo engañó a Caperucita roja y de un solo brinco abrió
el hocico y se la tragó, y a su abuelita también. Bueno de seguro alguien las
salvará, eso es un clásico.
¡Ay! ¡Qué disparate! el astuto gato Sixto “seis cenas” se
hace pasar por callejero para comer seis cenas ¡qué gato sagaz! cuando lo
pillen, éste pícaro felino no sabrá donde meterse. ¡Oh, no! me olvidé
del tomate. Pero, al final no sé si son peores
los gatos o los
lobos, siempre molestando a los demás.
¿Pero qué digo? cierto que uno está queriendo
contar su versión, aunque, al pobre nadie le cree. Resulta que Caperucita era
la mala de la película ¿¡qué raro?! parece
ser una niña tan encantadora ¡Ay! ¡Qué disparate!
¿Cómo pretende que le crean? Si una gran parte de su especie siguen haciendo de las suyas y eso no ayuda. Andan comentando en el pueblo de Muy Muy Lejano que un lobo anda molestando a unos cerditos que intentan progresar. Cuando se trata de progreso la hormiga se da por aludida, le da consejos a la cigarra y a todos/as nosotros/as, la atrevida. Otros prefieren irse de paseo en un auto feo, pero no les importa porque comen torta. En el camino vieron a Manuelita que vivía en Pehuajó, pero se estaba por marchar. Nadie supo muy bien por qué a París ella se fue. Algunos viajan por placer pero cuando San Pedro viajó en tren no fue por placer más bien fue porque lo llevaba en sus pensamientos un niño de 9 años, llamado Nicanor, a quién le costaba dejar su lugar ¡Qué atrevimiento! ¿llevarse un pueblo entero?, pero ya está ¿a quién no le pasó? Entre tantas situaciones ¡otra vez! , me olvidé del tomate. Su amigo zapallo corrió como un rayo pidiendo de urgencia por una asistencia. De repente se escucharon gritos, parecían necesitar ayuda así como el tomate. Eran los hermanitos Hansel y Gretel que pedían auxilio porque una bruja se los quería comer ¿pueden creer? pero no eran los únicos. Otra que necesitaba ayuda era la bruja Berta, por suerte nadie se la quería comer. Solo estaba preocupada por su gato negro, ella vivía tropezando con él porque su casa era toda negra ¿a quién se le ocurriría vivir en un lugar tan oscuro? bueno, a la bruja Berta ¿será qué el Hada Madrina de Cenicienta le podrá dar una mano? O quizás esos enanitos que se ven bonachones y con buena voluntad para ayudar, así como lo hicieron con Blancanieves. Después de todo no debemos poner a todas las brujas en la misma bolsa. Quizás Berta es bondadosa y empieza a hacer hechizos para ayudar al pobre Pinocho que llegó hasta el viejo hospital de los muñecos mal herido porque un espantapájaros bandido lo sorprendió dormido y lo atacó. Llegó con la nariz hecha pedazos y una pierna en tres partes astillada, una lesión interna delicada y…
¡Me importa
un comino! dijo Don Pepino y no habló la
acelga ¡estaba de huelga!, pero no era la única. Hay un elefante ocupando mucho
espacio y Rosa Caramelo haciendo mucho lío ¿Quién
dijo que el rosa es de nena? No le
hagas caso dijo Héctor, el hombre extraordinariamente fuerte, -a mí me encanta
tejer. Pero como muchos y muchas no entenderán mi pasión por el tejido, tengo
mi lugar secreto. En la conversación se metió
Clementina que dijo muy enojada
¡BASTA!, así le dije a Arturo, jamás alguien me volverá
a hacer sentir tan infeliz. Me empoderaré y saldré
a la luz. Eso no pasaba tanto
con Penélope, muy conocida por tejer para esperar a que su esposo llegara de un
viaje. Pamplinas, le dijo Lisístrata a Penélope y la estaba convenciendo de
hacer una huelga de sexo hasta que los hombres dejaran las armas, pero no tuvo
éxito. El que sí tuvo suerte fue un cerdito que pudo engañar a un lobo, quién
fue muy generoso y ahora irá por un oso.
Acaba la historia ocho zanahorias y un alcaucil viejo formaron cortejo ¡Ay! ¡Qué disparate!, cierto que se mató un tomate! La cebolla lloraba en su olla y una remolacha se puso borracha ¡Tantos disparates! ¡Pero qué mala racha!
Por María de los Ángeles Bazán 2do Año Profesorado de Lengua y Literatura

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