11/09/2020

"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" (Por Mónica Colazo)

 

 "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" Ludwig Wittgenstein  

Hace un tiempo me di cuenta que la lectura fue mi refugio, un lugar donde podía entrar y salir de los textos. Muchas veces caminé por el borde del ensueño en un mundo donde no había caramelos. ¿Cuándo comencé a leer? No lo recuerdo ¿Cuál fue el primer libro leído? ¡Menos! Lo único que recuerdo de la infancia relacionado es que alcanzando los 4 años leía muy bien bajo el Anacahuita del Gualeguay, me gustaba encontrar bajo su copa, a mi abuelo y leerle. – Ah, ¡Qué bien! – Dijo y ¿Dónde fue que aprendiste a leer al revés? – Agregó- (…) Dejando al desnudo mi secreto - Nunca lo olvidaré. Al leer, el niño o niña, no abandona del todo el capricho descubre que existen otros mundos, y muchos mundos que comparten historias, deseos, alegrías y tristezas;

 

En vacaciones de invierno nos decían que leyéramos cuando estábamos aburridos, sin embargo, no se practicaba la lectura en la casa de mis abuelos. Recuerdo muchos libritos de recopilaciones de relatos infantiles, leer novelas de terror y novelitas Borrascosas son algunas que se me vienen a la mente, siendo un poco más grande, hojear El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

 

Fui amante de los cuentos tradicionales, la historia de Pinocho en la parte cuando recobra vida me llenaba de emoción. Cuando uno transita los caminos de la adolescencia, parece que no hay más horizonte que el de nuestras propias narices, que no hay más vida ni más sueños que los nuestros, de los que nos apropiamos como un niño se adueña de un juguete. Por aquel entonces, Alfonsina Storni me acompañó durante un largo tiempo junto a las novelas de Corín Tellado, los encontraba en la biblioteca Domingo Faustino Sarmiento de Hurlingham, Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a los lejos" del Poema Numero 20 de Gustavo Adolfo Bécquer que con absoluta precisión recitaba de memoria, Cómo decir de pronto: tómame entre las manos, no me dejes caer. Te necesito: Acepta este milagro. (…), y de Julia Prilutzky Farny poemas Antologia del amor. Una amiga me prestó: “Por si no estoy cuando ya sepas leer con los ojos y con el corazón al mismo tiempo. Cuando te miro, Verónica, tan chiquita, tan redonda, con tu pelito de seda, haciendo morisquetas frente al espejo, soy feliz... y tengo miedo” de Poldy Bird.

Si tuviera que hablar de un texto que me impactó, del primer recuerdo consciente de la movilización que sobre mi sensibilidad ejerció un libro, ese texto sería Mi planta de naranja-lima del brasileño José Mauro de Vasconcelos. Leí esta novela cerca de los 14 años y conocí, así, la existencia del dolor en el otro, la pobreza y, la amistad de la ficción. de esta manera, yo descubrí en Zezé, el protagonista de la novela (personaje que representa al niño que el autor fue y la dura vida que debió sobrellevar), el valor, la necesidad de ayudarnos entre todos para que, hombres, mujeres y niños puedan tener una vida digna.

Dice Julio Cortázar en uno de sus tantos cuentos: “la vida es una sala de espera”. Intentemos hacer de esa espera una experiencia por la que valga la pena vivir, como Zezé, que junto a su amigo Minguito, una pequeña planta de cítricos, hizo de la espera la esperanza.

 

Si tengo que recordar a qué edad comencé a leer, sería difícil de determinar, pero sí puedo recordar “hechos” o “momentos” que me llevaron a la lectura desde muy chica. Algunos de esos momentos son los “paseos” a las librerías con la cuidadora cuando mi padre estaba internado en un coma profundo y yo permanecí hospitalizada por huérfana, ella me acompañaba; y trataba de llevarme a los juegos, pero a mí me encantaba ir a ver los libros y me hacía escoger “uno” para llevarme y después nos íbamos a tomar la leche de la tarde. Llevar el libro entre mis brazos me hacía feliz.

   Un día, revisando cajones encontré un papelito muy bien doblado en la clínica, así fue como pude entrar en ese libro, y mirar -desde los ojos de papelucho- los blancos pasillos del hospital.

 Pero entonces, cuando todo se veía color de hormiga, apareció el superhéroe de la literatura, de la infancia y de la vida: mi papá despertó y cuando fue sanando en tiempos libres, cuando comenzó a comer y a estar sentado yo me esmeraba por leer correctamente y leía para él, y para todo público que circulaba por los pasillos. ¿Qué leía? - todo lo que encontraba alrededor, diarios, revistas y cuentos con los que iba armando mi biblioteca hospitalaria.

 Para mi egreso en la secundaria me regalaron Cien Años de Soledad al cierre de esa etapa. Leí por placer ese verano y comprendí que ese tipo de lectura, sin tiempos por cumplir, sin la obligación de memorizar personajes principales y secundarios, era el tipo de lectura que yo quería conservar. Junto a Gabriel García Márquez encontré a todo el árbol genealógico de mi familia – imaginaria también- , sentía que cada uno de ellos los representaba y llegue a pensar que vivían dentro del libro y por ese motivo no venían a visitarme; Un novio que tuve me regalo en mis cumpleaños todas las versiones en distintas ediciones, aunque me enamoré en el amor en tiempos del cólera mi verdadero amor llego un tiempo después de la mano de Oliverio Girondo, sentí que había escrito para mí, el espantapájaros 18", "El puro no" El no. el no inóvulo. el no nonato. "Poema 12" Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean "¿Dónde?" ¿Me extravié en la fiebre?, Llorar a chorros. Llorar la digestión. llorar a lagrima viva convirtiendo  este último, en monologo cuando asistía clases de teatro para aprender un poco de oralidad por recomendación de la psicóloga acerca de la idea de cómo enfrentar situaciones conflictivas en mi vida y no morir de pánico; logré aprender los diálogos de memoria , sentí los aromas, -dormí con la vida de Úrsula en Cien años de soledad- y llegué a tener arena en corazón, amé haber leído toda la colección de García Márquez , juntando los vueltos del almacén haciéndolo un bollito para ir al puesto de diario a comprar la edición colección del clarín e interpretar sus textos cada vez que podía.                            

 A la hora de escoger lecturas que me han marcado es muy difícil poder elegir entre tantas, pero cuando uno deja de pensar y comienza a sentir lo que esos libros le generan, pareciera que el libro lo escoge a uno y no al revés. Así, parada frente a mi biblioteca, casi sin pensar, voy sacando los libros que se quedaron dentro de mí para siempre. La mayoría de los que he escogido son lecturas de mi niñez y adolescencia, porque creo que cuando a uno le tocan una vena sensible a esa edad queda para toda la vida. 

 Otro hecho que puedo recordar que me llevó a la lectura fue la película “Matilda” en el ´97, que cuenta la historia de una niña que amaba leer y que de tanto hacerlo comienza a tener poderes mentales.  Al ver esta película, siendo joven, quise ser como aquella chica; no iba a poder llegar a tener poderes mentales, pero sí sabía quería ser una adulta-lectora. Una última situación que puedo decir que me inició como lectora pero que puedo reconocerlo recién de mayor fue la necesidad que tenía de entrar a mundos de fantasía; ya sea leídas, vistas o creadas por mí. El hecho de pasar mi infancia leyendo, dibujando historietas, inventando mil historias para jugar me lleva a pensar que me llenaba de felicidad vivir en realidades imaginarias que fueron la salvación. Fue en esa etapa que me inscribí en la Facultad de Filosofía y Letras, pero la muerte de mi padre, me desmotivó y perdí el horizonte.

 No voy a hablar cronológicamente de los libros que me marcaron como lectora, pero, este primero que voy a nombrar, puedo recordar que me lo regalaron a los 10 años con una linda dedicatoria, se trata de “Mujercitas” de Loaiza M. Alcott. La novela trata la vida de cuatro hermanas y todos los desafíos por los que pasan para crecer y volverse buenas mujeres.  Lo que más me marcó esta novela son los valores que transmite, siempre con la señora March dando los consejos justos y guiando a sus hijas para convertirlas en buenas personas.  Este libro, es uno de los que más relecturas he hecho.

 

Hay otro libro en el que siempre pienso que fue uno de esos libros que te elige a vos y no vos a él, es para cualquier edad. Este libro se llama La elegancia del erizo de Muriel Barbery  y narra la historia de dos habitantes de un edificio; una es la portera quien lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común, la otra es una niña de doce años que oculta una inteligencia extraordinaria y, cómo siente que la vida es una farsa, planea suicidarse. Estos dos personajes cambiarán con la llegada de un hombre japonés al edificio que propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas. Hay muchas cosas de este libro que me gustaron, sobre todo el final que nunca me pude olvidar de uno de los capítulos:

Ah, señora Michel, ¿sabe usted? Prácticamente me salvaron la vida. ¡Eso es ya todo un milagro! Bueno, y entonces ¿me puede decir que flores son?

Sí, ángel mío, sí que puedo.  En las calles del infierno, bajo el diluvio, sin aliento y con el corazón en los labios, una tenue luz: son camelias.

-Sí- le digo. - son camelias.

-Camelias…-dice perdido en un recuerdo que solo le pertenece a él- Camelias. Sí- repite volviendo otra vez los ojos hacia mí- Eso es. Camelias.

-Jean, no se da una idea de lo mucho que me alegra que haya venido a verme- digo.

- ¿Ah sí? -Dice- pero ¿por qué?

¿Por qué?

Porque una camelia puede cambiar el destino. Es cautivador, un himno a la vida.



Por último, el libro que me marcó hace poco y que leí en esta carrera es -La vida exagerada de Martín Romaña de Alfredo Bryce- Echenique que cuenta la historia de un hombre peruano que se va a vivir al París revolucionario del 68 para convertirse en escritor.  La razón por la que creo que este libro me marcó es por la empatía que sentí por este personaje.

Es un personaje que me conmovió por su forma de ser, por su sentimentalismo, por su dificultad para adaptarse a la forma en que se vive en el mundo, como si no perteneciera a él. Un libro lleno de ironía y momentos cómicos, creo que no a todos puede gustarle este libro, pero si uno llega a entender al personaje.

Legando hasta aquí, no puedo dejar de nombrar los libros de la pâtisserie- la pastelería y varias recetas en francés cuando me dispuse tiempo atrás a aprender a cocinar las delicias: al principio fue difícil pero poco a poco las recetas se incorporaron a mis rutinas del fin de semana:  Blé Sucre- Macaron- sableé- strudel- Mont-Blanc-Tarte Tatin -Gâteau Saint Honoré-lemonn pie-

 

Quizás he dejado muchos libros de lado que también significaron mucho, pero creo que estos han sido los esenciales en mi vida. -

 

 

Por Colazo Mónica

Profesorado de Lengua y Literatura

10/18/2020

Caperucita entre charlatanes ( Por Débora Escobar Palma)

 

Había una vez una niña llamada Caperucita roja que tenía su balanza mental bastante equilibrada en todos los sentidos. Sus días pasaban sin mayores problemas, solía jugar en la vereda todo el día y volvía a casa solo cuando tenía hambre. Sus amigas la consideraban toda una aventurera, no le temía a nada, aun así, era muy precavida en cada paso que daba. Era la narradora del grupo, su astucia para contar historias complicaba a sus amigas a la hora de discernir si eran verdaderas, falsas o solo estaban muy bien adornadas.



Otros en el pueblo, dadas sus fuertes argumentaciones políticas, tomaban su palabra como una broma. Caperucita era conocida por molestar constantemente en las reuniones asamblearias del pueblo, con su intento de hacer un nuevo video sobre la meseta que había del otro lado de la casa y que ciertos empresarios, bastantes charlatanes, querían explotar. Algunos hasta la comparaban con Greta Thunberg por su valentía, mientras que otros, por esta misma razón, la criticaban. Pero lo que pensaran sobre ella no le importaba, solo quería poder seguir jugando en el patio de atrás, inventando historias con sus amigas sin que nadie las molestara y sabiendo que no correrían ningún peligro.

Su madrastra, era mirada por el resto del pueblo como una excusa andante para vender biblias a protestantes y católicos, que no dejaba dormir a nadie. Quizás, haya sido su apariencia desprolija la que daba esa sensación, más allá de los numerosos ejemplares del mayor best seller de todos los tiempos que llevaba a diario en su mochila. A pesar de los rumores que se inventaran sobre ella, Caperucita la apreciaba mucho.

Un día, la madrastra le pidió a Caperucita que fuera a buscar un espejo mágico que tenía en la playa cerca del mar donde vivía la anciana más vieja del pueblo, llamada Abuelita de los Zombis, quien había publicado en Twitter que lo había encontrado.

Para llegar a la playa, Caperucita debía cruzar el bosque de caramelos, donde vivía el lobo, un frustrado periodista que prudentemente usaba el barbijo la mayoría del tiempo, pero que era demasiado chusma y quizás retrasaría a Caperucita tratando de averiguar a dónde iba, qué era el espejo, de dónde conocía a Abuelita, y esas cosas.  Por lo tanto, Caperucita, debía evitar cruzarse con él, y así poder ir y volver en el día antes de que oscurezca.

No hizo dos pasos dentro del bosque, que el lobo ya la estaba esperando.

Le preguntó que hacia dónde se dirigía. Caperucita se agarró la cabeza con todas sus fuerzas, sabía que sería difícil zafar del interrogatorio. En cuestión de segundos pasaron por su mente miles de preguntas posibles e historias interminables que no le permitirían llegar a tiempo.  Pero para su sorpresa, mientras aún intentaba pensar en una posible escapatoria, el lobo agregó:

En épocas de virus, debes usar barbijo, no importa a quien vayas a visitar.  Te puedo prestar uno, acompáñame.

Caperucita se apresuró a contarle que debía volver a su casa antes de la noche con el encargo de su madrastra. A lo que el lobo realmente se ofendió, no solo por el hecho de los descuidos sanitarios de Caperucita, sino porque creyó fuertemente que no confiaba en él. Caperucita siguió insistiendo, pero el lobo seguía sin permitirle el paso, hasta que finalmente accedió a usar el barbijo prestado. El lobo se lo dio, se ofreció a acompañarla para mayor seguridad, aunque en realidad quería utilizarla como fuente informativa en algunos de sus artículos sobre el pueblo. Todo el resto del camino, no hubo un segundo de silencio, preguntaba y preguntaba casi sin respirar.

Cuando se acercaron a la casa de Abuelita, vieron en la puerta a un grupo de hombres vestidos elegantemente con maletines que le hablaban con mucho énfasis y movían todo el cuerpo para expresarse. Eran los empresarios.

El lobo, no paraba de hablar y cada tanto, en búsqueda de su atención, le giraba la cabeza con las dos manos hacía su rostro cuando ella, involuntariamente y por el aburrimiento, la corría. En ese momento de total de hartazgo, Caperucita se dio cuenta de que podía matar dos pájaros de un tiro, como dice el popular dicho. Solo tenía que reunir al lobo parlanchín con los empresarios.  De esta manera podría aprovechar mientras el lobo los entrevistaba para buscar el espejo, volver a casa y advertir al pueblo sobre la venta de tierras a los empresarios que querían explotarlas sin dejarles nada a cambio más que un par de monedas.

 Y así lo hizo. Tuvo tiempo de hacer todo lo que se propuso. Hasta alcanzó a ir casa por casa con la propuesta de echar a los empresarios del lugar. Y los pueblerinos y pueblerinas vivieron felices y realizaron reuniones, algunas un tanto turbias y otras épicas, llenas de espejos mágicos, zombies, activistas, las amigas de caperucita, y otras personalidades más.

                                                                                                                        Por Débora Escobar Palma

                                                                                                                  Profesorado de Nivel Primario


 


8/11/2020

Textotecas, más allá de las lecturas.

 “Una textoteca interna armada con palabras, canciones, historias, dichos, poemas, piezas de imaginario individual, familiar y colectivo. Textotecas internas que se movilizan y afloran cuando se relacionan entre sí. A la manera de las retahílas infantiles podemos decir que en cada persona hay muchos textos, que la unión de los textos de muchas personas arman los textos de una familia, de una región, de un país. Las formas literarias no son arbitrarias, no nacen solo por una voluntad estética de las personas que escriben, de los pueblos que escriben, nacen porque suelen ser una manera de construcción” ( Laura Devetach. 2003)


Esta es la textoteca interna que nos trae Laura Devetach, la suya, donde se funden las canciones con los libros canónicos, los personajes de las novelas con los de la televisión.  Esta es la que nos permitió ampliar nuestra concepción de lectura y la que hizo surgir nuestras propias textotecas que vendrán en futuras publicaciones.


"Había una vez el va y el ven, el va y ven, el vaivén, de un arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo de mi corazón. Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo, trabajando, duramente trabajando. Ay que viene el coco a comerse a los niños que duermen poco. Noni noni noni, mm, mm, mm, scht, scht, scht…
Un día el arrorró mi niño hizo tortita de manteca, para mamá que le da la teta, tortita de cebada, para papá que no le da nada .Y entonces, éste cazó un pajarito, éste lo desplumó y este pícaro se lo comió.
Y siempre el tilín tilín, el chas, el broom, el guau, el pío, el cocó, el tolón, el ¿QUÉ?... Eto, eto, ¡cá tá! Y entonces vino un gato que tenía calzón de trapo y la cabeza al revés, ¿Querés que te lo cuente otra vez? No me digas sí porque los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor, y aquel mocito de enfrente me tiene loca de amor. No me digas no porque a Juancito de Juan Moreyra hay que darle la escupidera, que anoche comió una pera y le vino una cursiadera. Todo porque Cenicienta quería ir al baile del príncipe y la madrastra no la dejaba.
Mientras tanto, Blancanieves vivía en el bosque con sus siete enanos. Y siempre, el chunga chunga, el crak, el ring, el blablablá. Y diostesalveMarí a... ElfrutodetuvientreJ esús. (¿Qué es tesalve? ¿Qué es tuvientreJesú s?).
Y entonces, un día, ALA, A-LA, A-L-A, A-LA, ALA.
Alas para la gallina turuleca que sentada en el verde limón, con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor. Pero cuando los cinco patitos se fueron a bañar, escucharon: febo asoma, sordos ruidos oír se dejan tras los muros del histórico convento (¿Qué ruidos hacen los sordos detrás de los muros?) Bum burumbum, pam papám.
Bum burumbúm, pam papám, viene la murga. Yo por vos me rompo todo, y te vengo a saludar, y a decirte que el gobierno, de hambre nos va a matar. Bum burumbúm, pam papám. Mamá eu quero, mamá eu quero mamá.
—¿Qué gusto tiene la sal? -preguntó Hansel a Gretel con la boca llena de casita de chocolate.
—¡Salado! –contestó Pinocho mientras se tiraba al mar desde la boca de la ballena, llevándose a Gepetto al hombro.
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, los suspiros se escapan de su boca de fresa.
—Este año, sin regalos, no va a parecernos que estamos en Navidad –dijo Jo con disgusto.
—A mí no me parece justo que algunas tengan tantas cosas bonitas mientras que otras no tienen nada –añadió Amy.
—Tenemos a mamá, a papá y nos tenemos las unas a las otras –dijo Beth.
—¡Esta familia es una cooperativa! –comentó Mafalda, mientras Susanita declaraba que las casas tienen que ser como la del hornero, que tiene sala y tiene alcoba, y aunque en ella no hay escoba, limpia está con todo esmero.
Pero: Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Todo de angaú nomás. Por eso Malena tiene pena de bandoneón: todos los viernes el amado se le convierte en lobizón. Se no é vero, é ben trovatto.
Y así fue como la luna vino a la fragua con su polizón de nardos. Los flamencos bailaban y bailaban con sus medias coloradas, blancas y negras. Y despertaron a Alicia que venía del país de las maravillas, y allí estaba Batman, esperándola.
-Bésame –cantó-. Bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Se callaron las luces, se encendieron los grillos, y una música los abrazó. Era Lisa Simpson en un solo de saxo.
Y colorín colorado, seguramente este cuento no se ha terminado." ( En "La construcción del camino lector" de Laura Devetach, 2012)
 

 El siguiente texto fue elaborado por la estudiante de 1er año del Profesorado de Educación Primaria, María Zambrano, a partir de la lectura...