10/18/2020

Caperucita entre charlatanes ( Por Débora Escobar Palma)

 

Había una vez una niña llamada Caperucita roja que tenía su balanza mental bastante equilibrada en todos los sentidos. Sus días pasaban sin mayores problemas, solía jugar en la vereda todo el día y volvía a casa solo cuando tenía hambre. Sus amigas la consideraban toda una aventurera, no le temía a nada, aun así, era muy precavida en cada paso que daba. Era la narradora del grupo, su astucia para contar historias complicaba a sus amigas a la hora de discernir si eran verdaderas, falsas o solo estaban muy bien adornadas.



Otros en el pueblo, dadas sus fuertes argumentaciones políticas, tomaban su palabra como una broma. Caperucita era conocida por molestar constantemente en las reuniones asamblearias del pueblo, con su intento de hacer un nuevo video sobre la meseta que había del otro lado de la casa y que ciertos empresarios, bastantes charlatanes, querían explotar. Algunos hasta la comparaban con Greta Thunberg por su valentía, mientras que otros, por esta misma razón, la criticaban. Pero lo que pensaran sobre ella no le importaba, solo quería poder seguir jugando en el patio de atrás, inventando historias con sus amigas sin que nadie las molestara y sabiendo que no correrían ningún peligro.

Su madrastra, era mirada por el resto del pueblo como una excusa andante para vender biblias a protestantes y católicos, que no dejaba dormir a nadie. Quizás, haya sido su apariencia desprolija la que daba esa sensación, más allá de los numerosos ejemplares del mayor best seller de todos los tiempos que llevaba a diario en su mochila. A pesar de los rumores que se inventaran sobre ella, Caperucita la apreciaba mucho.

Un día, la madrastra le pidió a Caperucita que fuera a buscar un espejo mágico que tenía en la playa cerca del mar donde vivía la anciana más vieja del pueblo, llamada Abuelita de los Zombis, quien había publicado en Twitter que lo había encontrado.

Para llegar a la playa, Caperucita debía cruzar el bosque de caramelos, donde vivía el lobo, un frustrado periodista que prudentemente usaba el barbijo la mayoría del tiempo, pero que era demasiado chusma y quizás retrasaría a Caperucita tratando de averiguar a dónde iba, qué era el espejo, de dónde conocía a Abuelita, y esas cosas.  Por lo tanto, Caperucita, debía evitar cruzarse con él, y así poder ir y volver en el día antes de que oscurezca.

No hizo dos pasos dentro del bosque, que el lobo ya la estaba esperando.

Le preguntó que hacia dónde se dirigía. Caperucita se agarró la cabeza con todas sus fuerzas, sabía que sería difícil zafar del interrogatorio. En cuestión de segundos pasaron por su mente miles de preguntas posibles e historias interminables que no le permitirían llegar a tiempo.  Pero para su sorpresa, mientras aún intentaba pensar en una posible escapatoria, el lobo agregó:

En épocas de virus, debes usar barbijo, no importa a quien vayas a visitar.  Te puedo prestar uno, acompáñame.

Caperucita se apresuró a contarle que debía volver a su casa antes de la noche con el encargo de su madrastra. A lo que el lobo realmente se ofendió, no solo por el hecho de los descuidos sanitarios de Caperucita, sino porque creyó fuertemente que no confiaba en él. Caperucita siguió insistiendo, pero el lobo seguía sin permitirle el paso, hasta que finalmente accedió a usar el barbijo prestado. El lobo se lo dio, se ofreció a acompañarla para mayor seguridad, aunque en realidad quería utilizarla como fuente informativa en algunos de sus artículos sobre el pueblo. Todo el resto del camino, no hubo un segundo de silencio, preguntaba y preguntaba casi sin respirar.

Cuando se acercaron a la casa de Abuelita, vieron en la puerta a un grupo de hombres vestidos elegantemente con maletines que le hablaban con mucho énfasis y movían todo el cuerpo para expresarse. Eran los empresarios.

El lobo, no paraba de hablar y cada tanto, en búsqueda de su atención, le giraba la cabeza con las dos manos hacía su rostro cuando ella, involuntariamente y por el aburrimiento, la corría. En ese momento de total de hartazgo, Caperucita se dio cuenta de que podía matar dos pájaros de un tiro, como dice el popular dicho. Solo tenía que reunir al lobo parlanchín con los empresarios.  De esta manera podría aprovechar mientras el lobo los entrevistaba para buscar el espejo, volver a casa y advertir al pueblo sobre la venta de tierras a los empresarios que querían explotarlas sin dejarles nada a cambio más que un par de monedas.

 Y así lo hizo. Tuvo tiempo de hacer todo lo que se propuso. Hasta alcanzó a ir casa por casa con la propuesta de echar a los empresarios del lugar. Y los pueblerinos y pueblerinas vivieron felices y realizaron reuniones, algunas un tanto turbias y otras épicas, llenas de espejos mágicos, zombies, activistas, las amigas de caperucita, y otras personalidades más.

                                                                                                                        Por Débora Escobar Palma

                                                                                                                  Profesorado de Nivel Primario


 


8/11/2020

Textotecas, más allá de las lecturas.

 “Una textoteca interna armada con palabras, canciones, historias, dichos, poemas, piezas de imaginario individual, familiar y colectivo. Textotecas internas que se movilizan y afloran cuando se relacionan entre sí. A la manera de las retahílas infantiles podemos decir que en cada persona hay muchos textos, que la unión de los textos de muchas personas arman los textos de una familia, de una región, de un país. Las formas literarias no son arbitrarias, no nacen solo por una voluntad estética de las personas que escriben, de los pueblos que escriben, nacen porque suelen ser una manera de construcción” ( Laura Devetach. 2003)


Esta es la textoteca interna que nos trae Laura Devetach, la suya, donde se funden las canciones con los libros canónicos, los personajes de las novelas con los de la televisión.  Esta es la que nos permitió ampliar nuestra concepción de lectura y la que hizo surgir nuestras propias textotecas que vendrán en futuras publicaciones.


"Había una vez el va y el ven, el va y ven, el vaivén, de un arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo de mi corazón. Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo, trabajando, duramente trabajando. Ay que viene el coco a comerse a los niños que duermen poco. Noni noni noni, mm, mm, mm, scht, scht, scht…
Un día el arrorró mi niño hizo tortita de manteca, para mamá que le da la teta, tortita de cebada, para papá que no le da nada .Y entonces, éste cazó un pajarito, éste lo desplumó y este pícaro se lo comió.
Y siempre el tilín tilín, el chas, el broom, el guau, el pío, el cocó, el tolón, el ¿QUÉ?... Eto, eto, ¡cá tá! Y entonces vino un gato que tenía calzón de trapo y la cabeza al revés, ¿Querés que te lo cuente otra vez? No me digas sí porque los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor, y aquel mocito de enfrente me tiene loca de amor. No me digas no porque a Juancito de Juan Moreyra hay que darle la escupidera, que anoche comió una pera y le vino una cursiadera. Todo porque Cenicienta quería ir al baile del príncipe y la madrastra no la dejaba.
Mientras tanto, Blancanieves vivía en el bosque con sus siete enanos. Y siempre, el chunga chunga, el crak, el ring, el blablablá. Y diostesalveMarí a... ElfrutodetuvientreJ esús. (¿Qué es tesalve? ¿Qué es tuvientreJesú s?).
Y entonces, un día, ALA, A-LA, A-L-A, A-LA, ALA.
Alas para la gallina turuleca que sentada en el verde limón, con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor. Pero cuando los cinco patitos se fueron a bañar, escucharon: febo asoma, sordos ruidos oír se dejan tras los muros del histórico convento (¿Qué ruidos hacen los sordos detrás de los muros?) Bum burumbum, pam papám.
Bum burumbúm, pam papám, viene la murga. Yo por vos me rompo todo, y te vengo a saludar, y a decirte que el gobierno, de hambre nos va a matar. Bum burumbúm, pam papám. Mamá eu quero, mamá eu quero mamá.
—¿Qué gusto tiene la sal? -preguntó Hansel a Gretel con la boca llena de casita de chocolate.
—¡Salado! –contestó Pinocho mientras se tiraba al mar desde la boca de la ballena, llevándose a Gepetto al hombro.
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, los suspiros se escapan de su boca de fresa.
—Este año, sin regalos, no va a parecernos que estamos en Navidad –dijo Jo con disgusto.
—A mí no me parece justo que algunas tengan tantas cosas bonitas mientras que otras no tienen nada –añadió Amy.
—Tenemos a mamá, a papá y nos tenemos las unas a las otras –dijo Beth.
—¡Esta familia es una cooperativa! –comentó Mafalda, mientras Susanita declaraba que las casas tienen que ser como la del hornero, que tiene sala y tiene alcoba, y aunque en ella no hay escoba, limpia está con todo esmero.
Pero: Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Todo de angaú nomás. Por eso Malena tiene pena de bandoneón: todos los viernes el amado se le convierte en lobizón. Se no é vero, é ben trovatto.
Y así fue como la luna vino a la fragua con su polizón de nardos. Los flamencos bailaban y bailaban con sus medias coloradas, blancas y negras. Y despertaron a Alicia que venía del país de las maravillas, y allí estaba Batman, esperándola.
-Bésame –cantó-. Bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Se callaron las luces, se encendieron los grillos, y una música los abrazó. Era Lisa Simpson en un solo de saxo.
Y colorín colorado, seguramente este cuento no se ha terminado." ( En "La construcción del camino lector" de Laura Devetach, 2012)
 

 El siguiente texto fue elaborado por la estudiante de 1er año del Profesorado de Educación Primaria, María Zambrano, a partir de la lectura...