Había una vez una Caperucita roja y una madrastra que pasaban lindos días de la cuarentena.
(Sí, tenía una madrastra robada de otro cuento)Una mañana, Caperucita que tenía un espejo de carbono, se comunicó a través de él con sus amigas y les dijo que aprendió a ver las maravillas de la vida. Su madrastra enojada con ella por el suceso, agarró su espejo y lo transportó al final del día de la mañana. Ella triste le dijo a su madrastra "era para ti también", de inmediato la madrastra respondió diciéndole que era un grano en la sangre.
Esa misma noche Caperucita roja y la madrastra que no tenía estabilidad, salieron en busca de carbono para que no se les apagara el espejo. Mientras buscaban encontraron el dióxido que no se puede hacer carbónico, Caperucita que tenía muy buena suerte, encontró en la sangre de carbono que ella tenía en su cuello la solución. La cosa era que no tenía estabilidad económica, entonces tenía que hacer algo maquiavélico, cortarse el dióxido que tenía en el cuello para formar el sistema de carbono y construir el espejo. Su madrastra al final, o sea el año que viene, le dio la flor cortadora de carbono y lo hizo, se cortó.
Desangrado el asunto, resultó ser que la madrastra tenía un espejo al que podía recuperar cuando quisiera, solo quería que Caperucita roja se muriera con el dióxido de carbono. Así termina el sistema, la madrastra y el espejo viven felices y contentos con su ingrata vida y Caperucita se convierte en oxígeno de carbono en el paraíso.
Rocío Vera
Profesorado Nivel Primario

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